Una historia de amor por el Football.

May 12, 2011 2 Comentarios por Aficionados

Quiero contarles la historia de Juan. Cuarenta y ocho años de edad, de los cuales, cuarenta los ha vivido a lado de Isabel, su esposa. Su matrimonio no puede catalogarse socialmente como “exitoso” pues la gente no habla de él, tampoco se puede considerar fracasado pues…. (dicho abuelezco aplica) “ahí siguen dándole duro”. Juan tiene cuatro hijos, tres hombres y una mujer, todos en el rango de edades de 5-18 años. El más grande de éstos es la mayor preocupación del papa ya que ha decidido ser el primero en la familia en querer estudiar una carrera. Toda la vida de Juan, desde que supo de ésta decisión, gira en torno a los montos irracionales que tendrá que pagar cada semestre para los estudios de su hijo ya que, le han dicho, que los trabajos hoy en día son determinados mas por el nombre de la Universidad que por lo que es capaz de hacer la persona, por ende, solo pagando más dinero de lo que el padre del padre de Juan, el padre de Juan y Juan han ahorrado en toda su vida, en un lapso de cinco años, hará que su hijo cumpla su sueño de (madre de todo dicho abuelezco aplica) “ser todo un licenciado”.

Juan trabaja en una empacadora de lácteos aunque está muy lejos de ser menonita ya que carece de esa habilidad sobre-humana de vender y entablar una conversación con un cliente en un semáforo mientras diez kilos de quesos cuelgan sobre su cabeza. El esfuerzo continuo, el respeto pos sus superiores y el nunca haber faltado a trabajar en más de 25 años, le ha dado a Juan el puesto de “Supervisor”. Tiene a cargo tres personas pero es más claro, que la piel menonita, que no tiene ninguna oportunidad de crecimiento por lo que resta de su vida. Cuenta con un jefe bastante prepotente el cual piensa (irónico que tenga que usar la palabra pensar) que el hecho de tener gente a su cargo le da el derecho a menospreciarlos y tomar una actitud despectiva hacia ellos. A estas alturas Juan ya no es afectado por los malos tratos constantes de su jefe pues bien sabe que en ningún otro lado, debido al tiempo que lleva trabajando ahí, encontrará un lugar que le pague el mismo salario….salario que le permite vivir al día y sostener un puesto de flores en una funeraria el cual, más que dejar dinero, es una tradición familiar (increíble cómo le damos mas flores a la gente muerta que a la viva ¿no?…pero bueno eso lo dejamos para otra ocasión). La jornada laboral para Juan es de ocho horas imaginarias pues nunca es el caso, entra diariamente, de lunes a sábado, a las siete de la mañana y su salida es más variada que el menú del VIPS.

La relación con los demás hijos es muy ordinaria, a veces la adolescencia de algunos o el capricho infantil de otros hace que haya fricciones en la casa las cuales Juan piensa que son parte de una familia. La esposa de Juan no trabaja pues su tiempo esta consumido entre ser madre y hacer arreglos florales, arreglos que no se preocupa mucho por como queden pues sabe que los que los reciben no los van a ver. El camino a casa le toma a Juan una hora diaria por lo que el convivio con sus hijos siempre ha sido muy limitado y su imagen en la casa se ha convertido en la de proveedor con aspiraciones de sargento. En la casa, de tres recamaras, nunca ha faltado comida, ni ningún otro servicio básico, hay una computadora que recientemente tiene acceso a internet y vio nacer la primera cuenta de “stock-book” por parte de uno de los hijos. La casa siempre está limpia gracias a la esposa y gracias a que nunca hay más de lo necesario, no por gusto, por realidad.

En fin, solo nos falta un aspecto más de Juan, el más importante. Dentro de esta vida rutinaria y sin mucha esperanza, Juan posee una pasión extraña proveniente de una tradición familiar de más de tres generaciones. Su padre, desde los cinco años de edad, le inculcó el seguir a un equipo todos los domingos en un deporte que, al principio le parecía confuso y violento. Su padre se encargó de explicarle paso a paso cada uno de los elementos que hacen de este deporte algo tan especial, el porqué

de admirar a los atletas que lo practican y la estrategia que hay detrás en cada paso y cada segundo del juego. Juan aprendió el significado que el amarillo y negro tienen en el uniforme de su equipo, aprendió que la sangre y las lesiones son parte ordinaria de dicho deporte y que solo aquellos que están dispuestos a dar la vida por triunfar son lo que terminan lográndolo. Su padre se encargó de explicarle cómo, si es que has decidido seguir este juego, has decidido también a creer en los milagros; aprendizaje que Juan comprobó el 23 de diciembre de 1972 cuando su corredor favorito ganó el juego divisional frente a los Raiders al atrapar un balón que parecía perdido después de que Frenchy Fuqua y Jack Tatum chocaran entre sí. Aprendió los años que conllevan formar una tradición y construir algo con bases solidas como las que vio nacer en 1966 cuando los Packers jugaron el primer campeonato entre conferencias (vs. Kansas City de la Conferencia Americana) y diera inicio a lo que hoy conocemos como el evento deportivo más grande del mundo. Su padre se encargó de darle una lección de vida al demostrarle que las oportunidades en esta vida solo se presentan una vez y hay que tomarlas, oportunidades que Scott Norwood daría la vida por tener una vez mas y así dejar de ser recordado como la razón por la cual los Bills son hoy el equipo más exitoso que jamás ganó un Super Bowl. En 1972 Juan re definió la palabra perfección en su diccionario y le agregó la palabra suerte en ella al ver a Bob Griese llevar al único equipo invicto (16-0) al campeonato en el Super Bowl VII frente a los Redskins.

Más recientemente, Juan ha tenido el privilegio de seguir aprendiendo, a veces con su padre, a veces en la compañía de sus hijos. Gracias a Donovan McNabb, quien al completar un pase de 28 yardas con Freddie Mitchell en la final del conferencia frente a los Packers en cuarta oportunidad y 26, Juan pudo ejemplificar que no hay imposibles en la vida…..Akers enviaría el juego a tiempo extra y lo ganaría mas tarde para mandar a Philadelphia al Super Bowl, dicha lección se vería una vez más en el 2000 cuando los Titans lograron el milagro a manos de Frank Wycheck con solo 16 segundos restantes en su regreso de patada frente a Buffalo y ganarán el juego. Con toda la familia atenta, Juan pudo acercarse a uno de sus hijos y explicarle el valor, muchas veces desapercibido, que tienen los pequeños detalles cuando Steve McNair y Kevin Dyson se quedaron a una sola yarda de empatar el Super Bowl XXXIV frente a los Rams por haberse adelantado medio segundo en lanzar el pase. Aun más cerca a nuestros tiempos, Juan dice jamás haber visto tanto amor y pasión por el juego que cuando vio a Favre regresar por cuarta vez y dejar el alma en el campo. En 2009 toda la familia presenció como una ciudad entera, en New Orleans, se levantaba unida por una causa y disfrutaba lo que era su única alegría en ese momento….un campeonato y vencer al quarterback mas preparado de nuestros tiempos y quizá de toda la historia. Finalmente, en palabras del mismo Juan, “La liga no pudo demostrarnos de mejor manera lo que realmente es al dejarnos ver al equipo con mayor tradición y menor capital (Packers) ser campeón en una época de enormes contratos y demasiado dinero”………

Este domingo, al dirigirme a comprar unas flores, conocí a Juan. A diferencia de algunas historias que utilizo para ilustrar y entretenerlos, Juan es más real que Kate. Es un hombre honrado que al verme con un libro de football americano decidió enfrascarse en una conversación que debo admitir ha sido una de las mas placenteras de mi vida. Convirtió mi compra de flores en una plática de una hora entera en la cual recordamos a Joe Namath, Erick Dickerson, Barry Sanders, Joe Montana, Steve Young, Jerry Rice, Lawrence Taylor, Johnny Unitas. Me hizo preguntas sobre la cortina de acero, sobre la defensiva de Tampa Bay y su Cover 2, sobre la ofensiva de la costa oeste, sobre el ataque imparable de Dallas en los 90’s , sobre Manning vs. Brady, sobre el primer Super Bowl, y, gracias al libro que traía, sobre toda la vida de Vince Lombardi. Dentro de todo este momento de éxtasis para mí en la que olvide por completo todo el ruido y el caos de la ciudad Juan me hizó una pregunta….pregunta que no pudo evitar provocar lagrimas en mi…pregunta que no supe cómo responder…..pregunta que a ojos de Juan no tiene respuesta….”Joven, ¿Usted cree que yo podré seguir enseñándole a mis hijos lo hermosos que es el football?”

Hoy cumplimos más de dos meses de huelga en la NFL y quise compartirles esta historia que ha movido mi corazón. Un hombre que el color de su pelo enseña el esfuerzo por salir adelante, honrado como muchos quisiéramos ser en nuestras vidas, responsable como lo marcan más de cinco religiones, digno de ser ejemplo de lealtad, apasionado sobre solo dos cosas que Dios le ha dado y que, para él, marcan su existencia, su familia y un hermoso deporte que le ha enseñado a vivir. Hoy cumplimos más de dos meses en los que nueve mil millones de dólares no pueden ser repartidos, en los que peleas legales y avaricias incontrolables causan desesperación e incertidumbre……hoy cumplimos más de dos meses en los que los dueños y jugadores afectan vidas por todo el mundo…….vidas de personas que no harán más que regresar a darles dinero por el simple hecho de que su amor por el football les es suficiente para sonreír.

Gracias Juan.

POR RODRIGO QUINTANAR

NFL

Sobre el autor

Aficionados a todos los deportes, Somos el #12

2 Respuestas a “Una historia de amor por el Football.”

  1. wifer charara says:

    Que bueno que compartes esa emoción con todos, tu sabes mi sentir hacia este deporte que compartimos tantos juegos juntos y que logramos conectar tantas veces (tantas como 12 veces seguidas en un juego)

    felicidades Rodrigo

  2. Maria T says:

    Lagrimas y mas lagrimas, solo los que realmente sabemos lo que es amar algo apasionadamente, entendemos que los suenos se hacen realidad.

    Tienes un sueno que cada dia se acerca mas a que lo vivas como realidad. Aprendamos de Juan.

    Gracias Rodrigo, por tu pasion.

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